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En principio, depende de ellos exclusivamente el camino que quieran seguir. Por ejemplo, lo primero que se debe determinar es qué objetivos tienen ellos para distribuir o heredar sus bienes, ya sea en vida, o para después de su muerte. Una vez determinados estos objetivos, entonces hay que analizar qué han hecho o qué han dejado de hacer hasta el momento, incluyendo un análisis que evalúe si lo que han hecho sigue cumpliendo con sus objetivos en este momento.

Por otra parte, necesitan entender que el hecho de no tener un plan formal no significa que no exista tal, sino por el contrario, sus bienes estarán sujetos a un plan de distribución que no será de ellos sino el que la ley imponga en ese momento.

En tal virtud, toda pareja con un patrimonio, o con herederos o beneficiarios en Estados Unidos, cualquiera que sea su valor, debe tener un plan de distribución de sus bienes basado en un testamento y un “living trust” como mínimo, y dependiendo de los particulares del caso y del valor de los bienes, entonces proceder a construir una estrategia patrimonial y fiscal que se adapte a sus necesidades, que cumpla con sus objetivos, y que tenga la mayor flexibilidad posible para adaptarse a los posibles cambios futuros, no tan solo de los objetivos originalmente planteados sino a los cambios en las leyes y en las circunstancias de la dinámica familiar.